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RECOMENDACIÓNS PARA OS CAMBIOS DE ETAPA EDUCATIVA

Entrando nesta publicación (pinchar no título) poden ver os documentos adxuntos con información de interese para as familias do alumnado que comeza en 4º de Educación Infantil e en 1º de Educación Primaria.

 

Simulando ser disléxico

 
 
Antes de nada miren esta curiosa web que permite hacernos una idea de cuál es la experiencia de leer un texto si se padece dislexia. Pero no es un hecho aislado, por sorprendentemente que nos pueda parecer cada vez surgen más tecnologías que nos permiten ponernos en la piel de personas que sufren dislexia, depresión, ansiedad o incluso violencia.
 
Se suele decir que la tecnología nos aleja de los demás, nos recluye en nuestro propio universo y nos permite filtrar el mundo que nos rodea. Pero cosas como esta nos demuestran que esas voces quizás se equivocan, ¿puede ser precisamente la tecnología con este tipo de juegos, aplicaciones y programas la gran esperanza para acabar contra la estigmatización y promover la empatíac omo nunca lo hemos visto?
 
 

¿Cómo es ser disléxico?

 
Diseñada por Victor Widell, en ella se cuenta cómo se le ocurrió la idea. En una conversación, una amiga que sufría dislexia le describió como era su experiencia de lectura. Podía hacerlo pero requería una gran concentración y las letras parecen saltar. Widell decidió ponerse manos a la obra y ha creado Dsxyliea, una web que pretende 'emular' esa experiencia.

Esto es importante porque lo que se ve en esta web no es lo que ve una persona con dislexia al abrir un libro. La dislexia es un trastorno de desarrollo de la lectura cuya manifestación habitual es la dificultad de entender e interpretar la información escrita. Esta página ayuda a comprender el esfuerzo que deben realizar las personas que sufren una dislexia severa y la desorientación pero no refleja el fenómeno real con exactitud.


Fonte: Xataka
 
 

 

Tod@s somos París

 
Enlaces, recursos, artículos e imágenes interesantes para trabajar los atentados terroristas del 13 de Noviembre de 2015 de París en el aula . La educación y la cultura de paz son las armas de construcción masiva más poderosas que existen.
 
 

 

Fonte: Montar el Mingo




 
 
 

 

Conflictos bélicos y atentados terroristas: cómo responder ante las dudas y preguntas que inquietan a los niños


Cuando se produce un conflicto bélico o un atentado grave, con múltiples víctimas mortales, como los recientes ataques terroristas en París que han causado más de 120 muertos, se genera una sobreinformación y un aluvión de imágenes de los que difícilmente podemos proteger a nuestros hijos y que, por tanto, debemos gestionar de forma proactiva.  
 
Ingeborg Porcar, directora de la Unidad de Trauma, Crisis y Conflictos de Barcelona (UTCCB) nos detalla cómo debemos abordar todas las inquietudes de los niños al oír noticias o ver imágenes de conflictos bélicos o atentados terroristas.
 
 
 
Hasta hace relativamente poco tiempo, se consideraba que los niños y niñas menores de 8 o 10 años, y especialmente aquellos en edad preescolar, quedaban al margen de posibles efectos negativos de dichas informaciones, "protegidos" por su relativa inmadurez cognitiva. Pero estudios realizados en los últimos 10 años han demostrado justamente lo contrario y han permitido entender por qué.
 
Esta situación de sobreinformación reúne dos características importantes:
  • Está presente en todos los espacios de la vida: en las portadas de la diarios, que reproducen fotografías a gran tamaño y que se ven en cualquier quiosco, en la calle, camino de la escuela, del parque; en cualquier televisión, y no sólo a la hora de las noticias, sino de forma muy reiterada a casi cualquier hora; incluso en la radio, a la que habitualmente ni nosotros ni nuestros hijos prestan tanta atención, pero que estos días repiten una y otra vez la última hora y el balance de víctimas producidas y la evolución de los heridos. 
  • Muestra imágenes e informaciones que suponen un reto cognitivo para los niños menores de 8 años y que, por este motivo, pueden resultar amenazadoras para ellos. Un niño en edad preescolar no sabe entender que, a pesar de que vea una y otra vez las imágenes de los restos del atentados y muy posiblemente las declaraciones de los heridos y supervivientes, éste sólo se produjo una sola vez. Tampoco sabe valorar qué es un atentado, ni dónde se ha producido, si cerca o lejos de su casa.  Pero seguramente lo más importante es que las informaciones le confrontan con el dolor, con la idea de la muerte y del sufrimiento físico, algo que, dependiendo de su edad, quizá no había pensado aún. 
Desde esta perspectiva, es más que aconsejable que las familias ofrezcan a los niños un marco de referencia para entender aquello que están viendo, para poder abordar sus dudas y sus miedos y para tranquilizarlos. 
 
 

¿Cómo saber si es mejor hablar de lo ocurrido o no hacerlo?

 
Aunque improbable, puede ocurrir que nuestros hijos no hayan tenido contacto con las imágenes del atentado o no se hayan percatado de su gravedad. En esos casos, realmente sería contraproducente abordar el tema, porque podríamos generar una inquietud innecesaria.
 
Por tanto, aconsejamos preguntarles a los niños si últimamente han visto alguna cosa en la televisión o en los diarios que les ha llamado la atención. O, en el caso de niños de entre 6 y 8 años, si saben lo que ha ocurrido recientemente en París. En caso afirmativo, continuaremos hablando con ellos sobre lo ocurrido. 
 
De lo contrario, no lo abordaremos directamente. Les diremos que ha habido unos problemas (sin especificar) y que algunos adultos y niños más mayores han estado viendo la televisión e informándose. Pero que estas informaciones a veces confunden a niños de su edad. Y que por ello les aconsejamos que siempre que alguna noticia les llame la atención nos pregunten para que así lo podamos hablar entre todos.
 
 

¿Cómo abordar el tema?

 
Preguntas como las siguientes pueden ayudarnos a guiar la conversación con nuestros hijos:
  • ¿Qué crees que ha pasado?
  • ¿Qué foto (imagen) te ha llamado la atención?
  • ¿Tú sabes lo que es un atentado?
  • ¿Y qué piensas por qué ocurren los atentados?
  • ¿Sabes dónde ha ocurrido? ¿Eso está cerca o lejos de aquí?
La idea que subyace a estas preguntas es evaluar qué información tiene el niño y cómo la ha interpretado. Sólo así podremos tranquilizarle y corregir o complementar su visión sin añadir preocupaciones o informaciones que aún no ha entendido o pensado.
¿Cuál es la mejor forma de responder a las preguntas que nos formulan nuestros hijos?
La mejor manera de dar respuesta  a las preguntas y  a los comentarios de nuestros hijos supone respetar los siguientes principios:
  • Responder a todas las inquietudes y comentarios que nos hagan los niños, sin valorar su contenido y con máximo respeto por lo que han pensado y les inquieta. 
  • Tratar, siempre que se pueda, de tranquilizar a nuestros hijos, haciéndoles ver que en nuestro país, por suerte, los atentados son muy infrecuentes, aunque en otros países, lejos de aquí, ocurren a menudo.  
  • Subrayar siempre la disponibilidad de ayuda en nuestra sociedad: si nos ocurre algo hay muchas personas que nos ayudan (la policía, los bomberos, las ambulancias, etc.).
  • Ser absolutamente honestos con nuestras respuestas: si hacemos falsas promesas a nuestros hijos, éstos se van a sentir engañados. 
  • Responder sólo a lo que ha preguntado o comentado nuestro hijo, sin ir más allá, ya que con esto podríamos estar generando nuevas dudas o miedos. Pero jamás debemos de dejar preguntas sin contestar. 
  • Hay una pregunta que suele presentar dificultades cuando las familias abordan estos temas con sus hijos. Es la referida a los motivos, la pregunta acerca de por qué unas personas matan a otras. Es importante dar respuestas sencillas a esta pregunta, para que los niños no se asusten por la complejidad de nuestras explicaciones. En este sentido, una buena respuesta puede ser que nosotros tampoco lo entendemos, porque nunca una persona debería matar a otra. 
 
 

¿Qué preguntas suelen ser las más habituales?

 
Para prepararnos para hablar con nuestros hijos, podemos reflexionar previamente sobre las siguientes preguntas que habitualmente formulan los niños:
  • ¿Cómo se hacen los atentados?  
  • ¿Quién hace explotar las bombas?
  • ¿Por qué la policía no ha evitado que hubiera un atentado?
  • ¿Las personas que hacen esto (los autores de los atentados) van a la cárcel?
  • ¿Cómo es que los médicos no pueden curar a los heridos?
  • ¿Había niños en el atentado?
Quizá pueda parecernos algo amenazador hablar con nuestros hijos de sucesos tristes y traumáticos como los atentados. Y nos puede dar la sensación de que hablar de estas cuestiones genera miedos. 
 
Tengamos en cuenta dos ideas al respecto:
  • Cuando un niño tiene preguntas y no sabe o no puede encontrar respuestas, se las da él mismo o lo habla con otros niños de su edad. Y las respuestas que construye sin ayuda de un adulto siempre son más amenazadoras que las que les vamos a brindar nosotros, los adultos, desde la comprensión de lo que les inquieta.
  • Si nuestro hijo es pequeño, ésta sea quizá la primera vez que se enfrenta al dolor humano. Pero no será la última. Acompañarle y ayudarle a entender qué ocurre cuando la vida nos plantea situaciones duras es modelar su respuesta ante la vida y prepararle para el futuro.  
 
 
Fonte: Faros

Sistemas de comunicación inalámbrica e fm na aula

Un sistema de Frecuencia Modulada (FM) es un dispositivo de ayuda técnica que consiste en un micrófono, un transmisor o emisora (utilizado por la persona que habla) y un receptor (utilizado por el niño). El micrófono capta la voz de la persona que habla y la envía al transmisor. Este transforma los sonidos y los transmite a través de ondas de radio al receptor que lleva el niño. Allí las ondas son nuevamente convertidas en sonido y amplificadas a través del audífono o implante coclear del niño.


Muchas veces un sistema de FM puede ayudar a un niño que no lleva audífono ni IC pero que tiene dificultades para concentrarse o captar determinados sonidos cuando el ambiente es ruidoso.
 
 



 

Recomendacións para o profesorado que ten alumnado con discapacidade auditiva

 
 
 

Recursos discapacidade auditiva

 
 
 

Se quere un fillo listo, quítelle o iPad e delle unha guitarra

 
Las clases de música potencian la inteligencia de los niños. No así la tecnología, que fomenta ciertas cualidades, pero no altera el fondo.



 
El 50% de la inteligencia de su hijo vendrá determinada por sus genes, según un estudio reciente publicado en la revista Psiquiatría Molecular. Su relación con el medio a lo largo de la infancia, la adolescencia y la vida adulta terminarán de construir el jeroglífico. ¿Y qué pinta usted, progenitor de la criatura, en todo esto? “Sin los padres, el potencial intelectual del niño no se puede desarrollar”, asegura Álvaro Bilbao, doctor en Psicología, neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres. “La llave del desarrollo potencial del cerebro del niño está en las relaciones con sus padres. Aunque la genética tenga un peso importante, sin esa presencia no se convertiría en realidad. Es como un niño que puede llegar a medir 1,90 metros, pero si sus padres no lo alimentan bien, no lo logrará”.
 
Cuando un bebé nace ya cuenta con la práctica totalidad de las 86.000 millones de neuronas que tendrá en la edad adulta. La principal diferencia entre su cerebro y el de una persona mayor es que esas neuronas habrán desarrollado trillones de conexiones entre sí. Cada una de esas conexiones puede traducirse en un aprendizaje que el cerebro del niño ha realizado, según explica Bilbao en su trabajo. Los primeros seis años de vida son muy importantes, porque a partir de esa edad el niño empieza a perder parte de esas conexiones, concretamente las que utiliza menos.
 
Ahora que sabemos que los padres tienen la llave para el desarrollo de la inteligencia de su hijo, ¿qué podemos hacer? La respuesta del neuropsicólogo es sencilla y a la vez compleja, pero podría resumirse en quererlos, cuidarlos y compartir la vida con ellos, reforzando conductas positivas, apoyándolos, jugando ("tirados en el suelo si es necesario"), socializando, dejando que se equivoquen, dialogando todos los problemas. En eso coinciden otros expertos como Maximino Fernández Pérez, pediatra del centro de salud de La Felguera (Asturias), psicólogo y vocal de Psiquiatría Infantil de la Sociedad Española de Pediatría (AEPED). “El niño debe saber que tiene detrás unos padres que lo quieren y se preocupan por él”, afirma, y además recuerda la importancia del aprendizaje por imitación. “Los padres somos el modelo de nuestros hijos”. Tirando de refranero español, no se puede estar rogando y con el mazo dando. Si no dejamos que vean televisión durante la cena, no lo haga tampoco usted, ni siquiera el informativo.
 
Pero hay otras muchas cosas que hacer en la vida cotidiana para estimular el desarrollo cerebral de los pequeños y también otras muchas que tienen buena fama pero en realidad no son tan útiles. Las repasamos.
 
 

Apuntarlo a actividades artísticas: mejor música que teatro

 
 
Hay investigaciones que han relacionado el desarrollo cognitivo con el aprendizaje de la música (no con su mera escucha). Un estudio de la Universidad de Toronto publicado en la revista Psychological Science comparó a cuatro grupos de niños de seis años. Durante un año, un grupo estudió piano; otro, canto; otro, arte dramático; y otro grupo no recibió lecciones de ninguna clase, aparte de las clases regulares. A todos se les practicaron pruebas de inteligencia antes y después, y se encontró que en los dos grupos que recibieron lecciones de música hubo un aumento en varias medidas de inteligencia mayores que en los otros. El grupo que recibió lecciones de arte dramático también tuvo un aumento, pero no fue en las áreas relacionadas con el desarrollo cognitivo, sino en las de conducta y adaptación social. El grupo que no recibió lecciones registró un aumento menor en las pruebas.
 
 

DVD con imágenes y música para menores de 2 años: ni se moleste

 
 
Si en su casa ha habido un bebé en los últimos 10 o 12 años, conocerá estos DVD con imágenes sencillas de dibujos, muñecos o niños que van pasando al ritmo de piezas de Mozart o Beethoven. Se comercializaron con la idea de ser educativos, pero, tras un litigio, la compañía (Disney) terminó por anunciar que devolvería el dinero a quienes se sintieran afectados porque, después de verlos, sus niños no parecían más listos y porque hubo estudios que así lo desmintieron. De hecho, la Academia Americana de Pediatría advierte de que los menores de dos años ni siquiera deben ver televisión.
 
 

Programas de entrenamiento cerebral: para la memoria a corto plazo

 
 
En los últimos años han proliferado escuelas y programas, juegos electrónicos y hasta aplicaciones para móviles con el objetivo de entrenar y estimular el desarrollo cerebral… Sin ninguna base científica. Un grupo de niños de entre siete y nueve años de edad formó parte de un estudio de la Universidad de Cambridge para el que recibieron 25 sesiones de entrenamiento de memoria a corto plazo y comprobaron que, si bien hubo ciertas mejoras en esa parcela, no sucedía lo mismo para otras habilidades más amplias como matemáticas, lectura o escritura. “Si a un niño lo llenamos de conocimientos pero no permitimos que desarrolle su capacidad, no lo hacemos más inteligente. Lo hacemos más sabiondo. Quizá con estos programas parezca que el niño avanza más que sus compañeros en determinadas áreas, pero al final los compañeros lo alcanzan y ellos habrán perdido otras capacidades que tienen que ver con el juego libre y el desarrollo de la creatividad. El desarrollo cerebral no es un proceso que pueda acelerarse sin perder sus propiedades”, advierte Bilbao.
 
 

Dispositivos tecnológicos: solo a partir de 3 años

 
 
“¡Este niño, qué listo es! Tan pequeño y mira cómo maneja el móvil y la tableta”. Se trata de una frase de abuelos y tíos muy común. Pero un estudio de la Universidad de Boston publicado en la revistaPediatrics sostiene que el uso frecuente de estos dispositivos por parte de menores de entre uno y tres años puede afectar no solo a su cerebro, sino también a sus capacidades de desarrollo social y emocional. El smartphone y las tabletas generan estímulos tan rápidos e intensos que el cerebro de los pequeños no tiene capacidad para manejarlos. “La tecnología nunca va a mejorar la capacidad de inteligencia de base. Puede ser un complemento y fomentar algunas cualidades, pero nunca va a mejorar el patrón de fondo”, apunta Fernández Pérez.
 
 

Ver películas en inglés: el camino al bilingüismo

 
 
O dibujos animados. Cada día un ratito. Con el apoyo de un profesor nativo en la escuela o en las extraescolares. “Esto es más efectivo que un colegio bilingüe sin profesores nativos”, asegura Bilbao. Según el Estudio Europeo de Competencia Lingüística, los españoles no entendemos inglés porque siempre hemos escuchado la televisión doblada al español, cuando la escucha y visionado de productos audiovisuales en versión original mejora un 21% los resultados de los estudiantes en comprensión oral.
 
 

Lectura nocturna: siempre entre dos

 
 
El cuento de por la noche no puede ser una lectura rápida para que se duerman pronto y todo lo que los niños hagan en esos minutos sea mirar los dibujos. Según un estudio realizado en Canadá, lo que realmente mejora sus habilidades y estrategias de aprendizaje es compartir esa lectura: una página cada uno.
 
 

Música para el feto: hay reacción, pero sin consecuencias

 
Lo que realmente oye el feto cuando usted le habla es una especie de murmullo, algo así como el ruido de fondo de un bosque. Y aunque según un estudio publicado en The Journal of the Acoustical Society of America las palabras emitidas desde el exterior son ininteligibles aproximadamente en un 50%, un equipo de investigadores liderado por Marisa López-Teijón, jefa de Reproducción Asistida del Institut Marqués, considera que es posible hacer que las palabras o la música lleguen con claridad al interior del útero vía vaginal. "A partir de las 16 semanas de gestación, el feto ya es capaz de responder a estímulos musicales", explica la coautora del estudio Expresión facial fetal en respuesta a la emisión de música vía vaginal, publicado recientemente en la revista Ultrasond.
 
Pero, ¿qué sucedía cuando a los fetos de las embarazadas del estudio se les ponía música de esta manera? "Cuando aplicamos música vaginal [hay ungadget específico para ello], el 87% de los fetos movieron la boca o la lengua y cerca del 50% reaccionó abriendo muchísimo la mandíbula y sacando la lengua al máximo", explica García Faura, quien asegura que al aplicar la música al abdomen o vibraciones sonoras no observaron los mismos resultados.
 
Las respuestas motoras que describe García Faura y que el profesor Prats identifica con movimientos de vocalización, constituyen "unos resultados interesantes", pero, en opinión de la doctora Ana Riverola de Veciana, médico adjunto de Neonatología del Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona), "no nos permiten extrapolar que este tipo de estimulación prenatal sea beneficiosa para los fetos a largo plazo". La experta cree que lo que el estudio muestra son respuestas faciales, y, de ahí, lo que se puede deducir es que los fetos oyen desde la semana 16, lo cual ya es muy novedoso. "Sin embargo, esto no quiere decir que el feto esté disfrutando o que ese estímulo sea positivo para su desarrollo", dice. El doctor Fernández Pérez también añade que no hay evidencia empírica de que este acto influya en la posterior inteligencia del niño.



Fonte: El país

Éxito escolar e dislexia

 

 
 

Guía para el éxito escolar del alumnado con dislexia

 

 
 

Dislexia o cómo aprender de forma diferente

 
Albert Einstein, Thomas Edison, Leonardo Da Vinci o Walt Disney, han sido disléxicos. No se trata de una enfermedad, y por tanto no se cura, pero no se asocia con una menor inteligencia.
 
Con tres años y medio, al comenzar con el aprendizaje de la lectura y la escritura, José Ignacio empezó a mostrar graves problemas para identificar las letras y los números de forma individual. Confundía las letras entre ellas y algunos números los escribía al revés. Por ejemplo al escribir el número 3 en lugar de iniciar el trazo desde la parte superior a la parte inferior, lo hacía al contrario y, en ocasiones, invertía tanto el trazo como el símbolo y escribía una E. «A los tres años, cuando los niños normalmente empiezan a aprender a leer identificando las letras con la inicial de un dibujo, yo no era capaz de identificar cada letra y cuando mis padres me ayudaban tratando de hacerme relacionar una letra (como la ‘i’) con un dibujo (el de una iglesia), yo mostraba muchos problemas y me equivocaba diciendo ‘la o’, o ‘la u’, y mis padres pensaban que estaba bromeando», afirma José Ignacio Hita , quien reconoce que la dislexia supuso un gran problema en su aprendizaje inicial del lenguaje escrito.
 
Según los datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del informe que publico el REDIEE un 10 % de niños en edad escolar tiene dislexia. Según Eurostat el fracaso escolar en España ronda el 21,9% (duplica la media de la UE). De los niños que abandonan la escuela, el 40% tiene dislexia, asegura Gloriana Hernanz, de la Asociación Madrid Con Dislexia. Se calcula que en España afecta a alrededor de 4.7 millones de personas (más del 10% de la población).
 
La dislexia es un problema neurológico que se traduce en una forma diferente de aprender por parte del disléxico. «Es el trastorno de neurodesarrollo más común, se manifiesta en el aprendizaje de la lecto-escritura y presenta dificultades en el proceso lector, en la escritura y la ortografía», señala la psicóloga Estefanía Egea.
 
Pero la dislexia no es una enfermedad y por lo tanto no se cura. Es un trastorno crónico, es decir, «permanece durante toda la vida, aunque ello no debe ser motivo de alarma –advierte Egea-, ya que la forma en la que se expresa la dislexia será muy distinta conforme avance el desarrollo evolutivo de la persona».
 
Lo más importante es que se realice una detección temprana, subraya. «Cuanto antes ofrezcamos las herramientas necesarias para ayudar a los niños a adaptarse al proceso de aprendizaje mayores probabilidades de que optimicen sus recursos mentales y puedan desarrollar una vida plena».
 
José Ignacio apenas recuerda lo que supuso ser disléxico de pequeño. «Nunca he sido consciente de haber sido disléxico dado que me diagnosticaron y trataron el problema de forma muy temprana y desarrollé mecanismos para superar los problemas derivados de la dislexia. Antes de los cuatro años ya había estado trabajando en superarla y a los seis meses de tratamiento ya tenía un aprendizaje similar al del resto de niños». A pesar de ello, reconoce, siempre «he tenido alguna reminiscencia cuando tecleo deprisa o la hora de leer, puesto que no tengo mucha velocidad de lectura, pero siempre trato de esforzarme para que ello no me influya negativamente. Al contrario, trato de sacarle partido, por ejemplo al tener una lectura más lenta, me fijo más en los detalles y corrijo errores».
 
Peor recuerdo tiene Gloriana de la dislexia de su hija. «Las dificultades de mi hija pasaron por diferentes etapas: en un principio no recordaba el nombre de sus compañeros, no sabía atarse los cordones de los zapatos o los botones, tardó mucho en hablar y cuando lo hizo su vocabulario era muy pobre. Posteriormente, cuando tuvo que aprender a leer lo hizo mucho más tarde que sus compañeros, su velocidad, ritmo y entonación estaban por debajo de los niveles propios de su edad. Su lectura era en espejo, de derecha a izquierda; leía el principio de la palabra y se inventaba el final; juntaba palabras, frases. Ello hacía que, dentro de un sistema educativo basado primordialmente en la lectoescritura, mi hija llevara un retraso importante con respecto a sus compañeros puesto que todas estas dificultades conllevaban una deficiente comprensión lectora».
 
En el caso de su hija sí observaron que la memoria a corto plazo así como las funciones ejecutivas estaban afectadas. «Aprenderse los días de la semana, los meses o estaciones resultaba misión imposible», recuerda. «Tenía disgrafía y disortografía, que hacía que fuese muy difícil entender su escritura». Y además, «también tenía discalculia, no conseguía aprenderse las tablas de multiplicar, operar correctamente y su poca comprensión lectora dificultaba muchísimo la comprensión de los enunciados de los problemas».
 
Explica la psicóloga Estefanía Egea que la dislexia se presenta en las primeras etapas evolutivas. «A medida que el cerebro se va desarrollando, alguno de los módulos independientes que lo conforman sufre una alteración, impidiendo que la estructura neuronal implicada en el procesamiento del lenguaje responda normalmente».
 
Pero no tiene nada que ver con la inteligencia. «Las personas con dislexia no son menos inteligentes, simplemente tienen una disfunción estructural en una determinada red nerviosa, en un determinado módulo independiente, que les impide procesar la información y acceder a ella normalmente. Este déficit en las conexiones neuronales que procesan el lenguaje afecta sistemáticamente al aprendizaje porque dificulta la lectura, escritura y en general, la decodificación fluida de cualquier símbolo».
 
El problema, apunta por su parte José Ignacio, es que el sistema educativo actual basa sus resultados principalmente en los exámenes escritos y la forma de aprendizaje en la lectura de libros de texto, por lo que es complicado para un disléxico adaptarse cuando el principal problema radica precisamente en la lectura y en la escritura. Sin embargo, «no hay una relación directa, puesto que hay muchos casos de personas con dislexia que competimos en un mercado laboral muy exigente sin que nadie note nuestra condición. Dado que la dislexia nunca se cura realmente, podríamos pensar que un disléxico no podría desarrollar una carrera profesional de éxito si ésta afectase de forma drástica a la inteligencia, y aquí estoy yo para contradecirlo». [José Ignacio es ingeniero informática carrera que terminó con sobresaliente de nota media y actualmente es un profesional en su sector con más de diez años de experiencia en la programación web].
 
 

Fracaso escolar, estrés, bajo autoestima

 
 
La dislexia no está relacionada con la inteligencia, confirma Egea,de CogniFit, pero en cambio, si está relacionada con el índice de fracaso escolar, desempleo, estrés y baja autoestima. «Hay estudios que afirman que la dislexia es una patología bastante común entre los delincuentes, los porcentajes de prevalencia varían dependiendo de la investigación, pero se determina que alrededor del 30%-48% de los presos padece dislexia». Si echamos un vistazo a nuestra historia, observamos que muchos de los científicos como Albert Einstein, Thomas Edison, artistas como Leonardo Da Vinci o Walt Disney, o empresarios como Steve Jobs han sido disléxicos.
 
Por eso la importancia de su detección precoz. Al contrario que el caso de José Ignacio que se detectó y se corrigió a tiempo, muchas personas disléxicas nunca han sido detectadas porque en realidad hay un gran desconocimiento de esta condición. «Al igual que yo en un principio –afirma Gloriana-, la mayoría de las personas piensa que es simplemente confundir la ‘b’ y la ‘d’ y leer algo lento».
 
Y el problema en España es apenas existen estrategias en la identificación de esta personas línea. El sistema de educación actual, afirma Egea, conduce a muchas personas con dislexia a creerse menos válidos que el resto, peores estudiantes y menos inteligentes. Cuando, como ya hemos visto, la dislexia no está asociada en ningún momento al nivel de inteligencia. Las personas capaces sobreponerse a sus dificultades y desarrollar estrategias de pensamiento alternativas pueden convertirse en mentes brillantes. En un sistema educativo sensible a la dislexia, señala la presidenta de la Asociación Madrid con Dislexia, estos niños no tendrían ningún problema. «La prueba está en que cuando terminan el colegio, son capaces de hacer cualquier cosa, como mi hija».
 
Además, añade por su lado la psicóloga de CogniFit, las ayudas precoces permiten evitar la aparición de un cuadro de trastornos emocionales. «Es importante proporcionar estrategias a las personas disléxicas no solo en el área escolar, sino también en otras áreas de su vida, familiar, social e incluso laboral. Para que aprendan a relacionarse y manejarse en su entorno con seguridad».
 
Lo recomendable es que si la persona adulta sospecha de ello, acuda a un profesional y que este pueda realizarle unas pruebas diagnósticas, detectar aquellas dificultades que siguen estando presentes y compensarlas mediante entrenamientos específicos para mejorar las habilidades cognitivas implicadas. De lo contrario, la persona puede verse afectada a nivel cognitivo, mediante falta de concentración, problemas en la memoria de trabajo o memoria a corto plazo, velocidad de procesamiento y otras habilidades imprescindibles para el día a día.
 
En este sentido, Gloriana cree fundamental que todas las personas que por su trabajo puedan estar en contacto con la dislexia (Maestros, médicos, profesores, monitores, etc.) deben tener una formación. «Insistimos en que es fundamental la detección precoz y la intervención temprana, pero no menos importante es la formación de los profesores, saber qué es la dislexia y cómo adecuar dentro del aula es vital para estos niños».
 
Y por último, peno ni mucho menos importante, está el papel de la familia. Como reconoce Gloriana, «inicialmente se pasa por una etapa de desconcierto absoluto sobre lo que les pasa a nuestros hijos y posteriormente empezamos a buscar soluciones. Es fundamental normalizar la dislexia , que sea aceptada y comprendida por todos los miembros de la familia puesto que todos en mayor o menor medida pueden ayudar». Así, en la medida en que el niño disléxico es comprendido y apoyado en casa hará que tenga mayor confianza para afrontar las muchas dificultades de su día a día. Es fundamental que se muy paciente con su hijo y lo ayude a entender que él no tiene ninguna culpa.
 
 

¿Qué debemos saber de la dislexia?

 
 
-El disléxico nace: La dislexia comienza a hacerse notable en edades tempranas, cuando comienza la etapa escolar. Aunque hay casos en los que puede aparecer como causa externa, como por ejemplo, por motivo de una lesión cráneo-encefálica.
-Es más común en varones que en mujeres, casi el doble.
-Tiene diferentes manifestaciones en función del género de la persona. En el caso de los varones, existe un menor volumen de materia gris en las áreas del cerebro que se utilizan para el procesamiento del lenguaje, en cambio, en las mujeres, hay un menor volumen de materia gris en las áreas implicadas en el procesamiento sensorial y motor.
-Tener dislexia no significa estar enfermo, tener menor interés o motivación y mucho menos significa tener una discapacidad sensorial o educarte en un ambiente desfavorable. Ser disléxico significa superación y desarrollo. La dificultad para una persona con dislexia a la hora de comenzar a aprender a leer o escribir es tres veces mayor, y el esfuerzo que requiere llegar a superar esta patología implica que las personas disléxicas son un símbolo de constancia y tesón
-El apoyo emocional es fundamental. Imprescindible concienciarse de que la inteligencia no es causa de la dislexia, por eso no debemos permitir que las personas con dislexia sufran las etiquetas negativas de ‘vago’. La familia, los amigos y profesores deben asumir las dificultades del disléxico y apreciar sus esfuerzos, ya sea en el deporte, el arte, las matemáticas o la lecto-escritura.
-Ser disléxico no es tener limitaciones en las opciones profesionales, ya que que un alto porcentaje de las personas disléxicas tienen grandes éxitos en sus carreras profesionales.
-Existen múltiples intervenciones para el manejo de la dislexia, pero lo más importante es el diagnóstico precoz para aplicarlas cuanto antes.


Fonte: ABC

Consecuencias de educar con sobreprotección

14 Consecuencias de educar con sobreprotección

Cuando educamos con sobreprotección estamos creando personas:

  1. inseguras,
  2. dependientes,
  3. faltas de autonomía,
  4. vulnerables,
  5. temerosas (con un gran miedo a lo desconocido),
  6. con una baja autoestima,
  7. intolerantes a la frustración,
  8. impulsivas,
  9. inmaduras,
  10. incapaces de terminar cualquier tarea que requiera un esfuerzo, ya que buscan la gratificación inmmediata,
  11. incapaces de responsabilizarse de sus actos,
  12. buscan siempre a quien culpar de sus fracasos,
  13. propensos a dejarse llevar por las malas compañías y
  14. a caer en adicciones.

 

En definitiva, estaremos criando a futuras personas con escasas o nulas habilidades socioemocionales. Y lejos de privarles de sufrimientos les estaríamos proporcionando justo eso, una vida llena de obstáculos para la que no están preparados para saltar.

  

10 características de los padres sobreprotectores

Hay muchas formas de sobreproteger pero en esta lista solo he colocado las más evidentes, las más habituales y las más comunes. Hay otras, pero hoy no las mencionamos. Quizás todos los padres sobreprotegemos en en alguna ocasión, el problema deriva cuando es una práctica habitual y priva a los niños a poner en práctica sus habilidades y capacidades, o cuando necesitamos actuar así para sentirnos útiles e importantes o necesitamos tener el control sobre las vidas de nuestros hijos.

Por lo general un padre o madre se vuelve sobreprotector cuando

  1. Evitan a sus hijos cualquier situación desagradable, difícil o resuelven por ellos sus problemas. Es un ejemplo de esta situación los padres que realizan los deberes escolares de sus hijos o los que intervienen cuando otro niño o niña “molesta” a su hijo en lugar de permitir que se defienda solo.
  2. Limitan o impiden que sus hijos exploren el mundo por si mismos, privándoles de la oportunidad de aprender, por ejemplo 
    • no les dejan gatear porque el suelo está sucio,
    • evitan a toda costa que se lleven cualquier cosa a la boca, 
    • no dejan que nadie les de nada o les coja,
  3. Tienen una alta tolerancia a multitud de demandas y exigencias que el niño muestra. Responden inmediatamente a sus demandas sin poner límite.
  4. En cambio, limitan en exceso las demandas de independencia o autonomía. No les permiten salir a la calle porque hace excesivo frío o calor, eligen la ropa que se van a poner o los amigos con los que deben relacionarse.
  5. Los padres sobreprotectores siguen haciéndolo todo cuando el niño está perfectamente capacitado para hacerlo solo:
    • le siguen dando de comer,
    • le siguen vistiendo y calzando o peinando,
    • le siguen acompañando al baño.
  6. Suelen contestar por el niño cuando otros adultos se dirigen a él, privándole de este modo que exprese su opinión o sus deseos.
  7. Cuando sus hijos cometen algún error ellos los ignoran, tapan o justifican.
  8. No permiten que su hijo o hija realice salidas con compañeros de su edad, aun teniendo la madurez suficiente para hacerlo.
  9. Utilizan el miedo para tener el niño bajo su control. Es típico oírles decir “no subas ahí que te caerás y te harás mucho daño”, “si vas tu solo puede pasarte algo malo”, 
  10. Se sienten culpables cuando no ayudan a sus hijos a resolver sus problemas o dificultades, se sienten responsables de todo cuanto les ocurre, ya sea que se hayan caído en el parque o cogido un resfriado.

La sobreprotección se vuelve dañina porque no deja que los niños se desarrollen emocionalmente. La sobreprotección impide que nuestros hijos evolucionen socialmente a la vez que les priva de poder alcanzar la madurez suficiente para ser personas independientes y autónomas que se valgan por sí mismas al alcanzar la edad adulta. La sobreprotección produce sentimientos de inseguridad y de poca valía en los hijos que han estado educados bajo estas circunstancias.

Como vemos, la sobreprotección puede manifestarse de múltiples formas y ser causada por muchos motivos. Algunas causas de sobreprotección pueden ser:

  • nacimiento de un niño muy deseado,
  • enfermedad del pequeño,
  • personalidad de los padres,

Sea cual sea el motivo que nos vuelve sobreprotectores debemos conocer sus posibles consecuencias y evitar en la medida que nos sea posible conducirnos de este modo. Debemos fomentar la autonomía y la independencia, intentando educar desde la libertad y en la responsabilidad de las acciones que realizamos día a día enseñando las consecuencias (positivas y negativas) que tienen nuestros comportamientos.

Tener un comportamiento excesivamente sobreprotector con nuestros hijos nos vuelve irremediablemente en unos padres tóxicos, de los que hablamos en uno de los artículos de este blog y al que puedes acceder mediante el enlace.

 

Fonte: Mamá Psicóloga Infantil 

Normas para publicar fotos de menores nas redes sociais

 
Respeta la intimidad del menor. Ante todo, ten siempre presente que debes respetar la intimidad de los menores y que ellos quizás no quieran (ahora o en el futuro) que otros vean esos momentos que, aunque puedan ser divertidos, se circunscriben al seno de la familia o a círculos de amigos muy cercanos.
 
No publiques nunca fotos de los niños desnudos. En ninguna circunstancia: ni en la playa, ni en la piscina ni dentro de casa. Aunque para ti sean momentos muy tiernos, esas imágenes pueden caer en manos redes de intercambio de pornografía infantil.
 
No compartas diariamente. Cada vez que vayas a publicar una foto de tus hijos, hazte esta pregunta: ¿De verdad esto resulta de interés para la mayoría de mis contactos? De esta forma, seguro que limitas de forma notable las imágenes que subes a Internet.
Utiliza el email. Si lo que quieres es compartir fotos con amigos íntimos y familiares, es más aconsejable utilizar el correo electrónico y evitar su publicación en las redes sociales.
 
Limita la difusión. Ajusta la privacidad de los perfiles en los que vas a compartir esas fotos, ya sea en las redes sociales o en programas de mensajería instantánea como WhatsApp. De este modo, acotarás al máximo el público que verá esas imágenes.
 
No des pistas. Nunca detalles en las imágenes datos concretos del lugar o la hora en que se han tomado. Así no difundirás las rutinas de tus hijos, sus horarios habituales ni los sitios en los que pueden encontrarse a una determinada hora del día. De igual modo, procura que en esas fotos no se vea el nombre de tu calle, la entrada del colegio de los niños, la matrícula de tu coche…
 
No etiquetes. En las fotos, no etiquetes a los menores con sus nombres y apellidos. Así evitarás que sean indexadas en los buscadores y que cualquiera pueda asociar las caras de los niños con su identidad real.
 
Pide permiso. Si vas a compartir imágenes en las que el menor sale con otros amigos, siempre debes preguntar a los padres de esos niños si están de acuerdo en subir esas fotos a la Red.
 
Pregunta al otro progenitor. Ambos progenitores tenéis que estar de acuerdo a la hora de subir las fotografías de vuestros hijos.
 
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