Outubro 17

r gómezJuegos inocentes juegos
de
Ricardo Gómez

    Sebastian (sic) é un tímido mozo de dezaseis anos. Marcado pola ausencia do pai e pola morte da irmá, ve nos videoxogos un magnífico refuxio. É un adolescente bo, honesto, amigo dos seus amigos e que quere, sobre todo, á súa nai, á quen se sente demasiado atado, pero sen a que non podería vivir. A súa afección aos xogos levoulle a gañar cartos: proba novos produtos, case todos videoxogos bélicos, e recibe unha suma por cada partida que gaña. Digamos que hai dous "Sebastian": un real e outro virtual... Sebastian non sabe que cando pilota avións e dispara nos seus xogos virtuais, en realidade mata, é dicir, que a súa afección é algo máis que un  xogo.

    En el  mundo real me llamo Sebastian, sin tilde en la a, pero son pocos los que utilizan ese nombre. Muchos más me conocen como El Asesino. No es que me guste demasiado, pero a estas alturas  no puedo hacer nada para evitarlo.juegos
    La gente que me llama Sebastian piensa que siempre he sido un chico difícil. Mis profesores se lo explican refiriéndose a la separación de mis padres, la muerte de mi hermana y blablablá, todos esos tópicos. Son chorradas, pero reconozco que a veces me he escudado en ellas. Ahora me sirven cada vez menos. Todo el mundo espera que alguien de diecisiete años vaya asentando la cabeza. Asentar la cabeza... vaya estupidez.
    Los que me conocen como Asesino dicen que soy bueno en lo mío. Muy bueno. Y que ese nombre me viene como anillo al dedo. En realidad, no siempre me dedico a matar, pero hay nicks pegajosos,  como algunos chicles que te sacas de la boca para tirar a la basura y se te quedan adheridos a los dedos. Un asco. Pero es más fácil deshacerse de un chicle pringoso que quitarse de encima cierta fama, sobre todo si se resume en una sóla palabra, tan sonora. No me pusieron  Killer, sino Assassin, cuyo sonido evoca la forma de matar de una serpiente, porque dicen que soy frío y sibilino. A estas alturas esa etiqueta me conviene. Es como en el instituto: la gente cae en la trampa fácilmente. Si tienes prestigio por algo, aunque sea por algo negativo, más vale que lo utilices en tu favor, y eso es sencillo a poco que tengas dos dedos de frente...

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