Premiados III Concurso "San Valentín"

1º Premio
(Brais Martínez Basalo, 4º ESO B)
  
     Desde muy pequeño jugaba con la poesía. Jugaba y, como quien cuesta abajo corre detrás un balón, hablaba de palabras que no entendía, de emociones que era incapaz de comprender. Por eso, cuando descubrió el amor, sólo supo amar. Buscaba la belleza tras aquel enorme abismo que se extendía delante de él: la poesía. Con el tiempo entendió que las metáforas son peligrosas. Con ellas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora.

    Cuando la vio por primera vez, pensó que era la muñeca que habitaba en sus sueños. Aquella muñeca de trapo que, con botones por ojos, miraba lánguidamente desde la esquina de la habitación sus juegos infantiles. En aquellos ojos creyó encontrar lo infinito, lo irreal de la poesía. Casi absurdamente, empezó a perseguir la mirada viva de aquel ser, que se mostraba como el más ausente de los objetos. Entre los dos se extendió el silencio… Un silencio más grande que cualquier abismo.

    Si un adulto observara a aquel niño, se acercaría, compasivo y distante le diría: “Pero, ¿por qué lloras? ¿No ves que tan sólo es un juego?”. Aquella persona no sabía que los juegos no existen, porque en el más mínimo de los juegos, un niño llora, o ríe. Y cuando aquel niño creció, vio en aquellas cosas que creyó serias, un mundo de mentiras, normas, inocencia, llanto, risas… seres inconscientes que vivían bajo un juego de títeres. Pero en aquel juego, no había cabida a una cosa: la poesía. Aquella palabra rara que tan sólo él parecía escuchar. Su corazón se hizo entonces más pequeño, las paredes del mundo lo oprimían. Su emoción brotaba, las palabras surgían como sombras en el medio de la noche. Tenía un amor agonizante en el pecho. En su cama, no dormía…Aún temblaría si escuchara su voz.


    Quiso hablarle, pero el amor se fue sin despedirse, como algo que está ya tan lejos, que al cruzar la línea del horizonte, no se le ve, porque, él mismo es ya el horizonte. El silencio empezó a resquebrajarse, aquel vacío era tan grande que era incapaz de existir, porque él mismo no podía concebirse. En su lugar aparecieron pequeñas manchas de sonidos, gotas de luz y de color… Lentamente se dio cuenta de que había buscado en aquel cuerpo tangible, delimitado, lo irreal, lo infinito de la poesía. Y eso había encontrado, en la soledad del recuerdo.


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    En la habitación ardía una llama, bailaba apoyado sobre aquel espíritu con el que jugara una vez, lentamente, seguía sus pasos, mientras los ojos se cerraban y se tambaleaba la imagen de la estancia. En los oídos dormía una música, una música viva, agitada, que ahora reposaba en la mente, y que, casi triste, casi apagada, pero viva, perseguía el pensamiento allá a donde fuera. Caía la noche, pero no sabía. Se alzaban las sombras pero no entendía por qué. En las paredes resonaban palabras que era incapaz de reconocer. Salió la luna, pero aquella noche dormía tranquilo. Soñaba con recuerdos que nunca volverían. Pasó mucho tiempo, pero… aún hoy… temblaría si escucho su voz.


 

ACCÉSIT
(Tania Quintas Fernández, 2º BAC C)

 

     Y aquí estoy…  escribiéndote esto:

     Era él, era él esa persona por la que quería vivir cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo; en mi vida no existía nadie más que él, lo daba todo, yo lo daba todo, yo soñaba un futuro a su lado, soñaba con el ayer, con el hoy y con el mañana; pero en esos sueños él estaba siempre a mi lado… dime ¿cómo iba a imaginarme ese engaño?, ¿cómo podía reaccionar ante tal mentira?,¿qué hacer con tanto dolor?. No me podía imaginar que sucedería, porque para mí todo era perfecto, nada me incomodaba, todo, para mí, seguía su curso; no me daba cuenta de que cada día se iba alejando más de mí, buscaba una excusa para no verme… y con mis propios ojos tuve que ver aquella noche de qué se trataban esas excusas… Sí, era otra,  era otra a la que estaba besando, era otra a la que estaba acariciando, era otra a la que regalaba su mejor sonrisa… y todo terminó ahí. Los días se me hacían eternos, las horas no pasaban, los minutos ya no seguían su curso para mí; lo único que podía hacer era encerrarme en un sitio en dónde sólo existiese yo y mis pensamientos, yo y mis lágrimas, yo y mis llantos… Pasaba el tiempo y para mi ya nada tenía sentido, ya no merecía la pena seguir luchando por olvidar, porque, ya no merecía la pena seguir luchando por amor… y en cambio apareciste tú,  con tus palabras, con tu mirada, con tu sonrisa, y has hecho que todo cambie, has hecho que mis lágrimas de dolor se convirtiesen en lágrimas de alegría, que mi rostro pálido e infeliz recobrase el color y la alegría de nuevo. La agonía, la tristeza y el dolor han desaparecido para siempre, cuando creía que nunca se irían. Has sido y eres mi esperanza, mis ganas de vivir, mis ganas de luchar cada día… pero dime: ¿Por qué estás tan lejos?¿Por qué esta distancia?¿Por qué si realmente nos queremos?. Solo ha sido un día junto a ti, sólo he podido sentir tus labios y tu piel por un día, un día que no puedo ni quiero olvidar. Y lo peor es que pasan los días y me pregunto cuándo volverá a suceder, cuándo podré verte de nuevo, cuándo acabará esta distancia para siempre. Todavía cuando pienso en ti puedo sentirte, puedo oler tu perfume, aunque ya no estés aquí… Y dime: ¿de verdad quieres que todo esto se olvide? ¿Que hagamos como si nada hubiese ocurrido? ¿Que pensemos en un futuro con otra persona? Yo no puedo, yo no puedo olvidar aquel día, ni aquella noche, ni aquella mañana; no puedo hacer como si hubiera sido una locura de dos jóvenes y pudiera olvidarse para siempre o permanecer en la memoria sólo como una aventura… Perdóname, pero lo que sentí y sigo sintiendo cada día no puede ser olvidado, porque te quiero demasiado y así será para siempre.

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