Familias

PROPOSTAS PARA PERSOAS ADULTAS, 14 DE MAIO

Bo día, hoxe vos deixamos unha reflexión que nos parece fundamental: O poder das palabras

 

 

 EL PODER DE TUS PALABRAS. EL “NO” QUE CONDICIONA LA CRIANZA 

 

 “El Poder de Las Palabras: Pronuncia lo que quieres y te llegará lo que buscas. Tus palabras guardan magia…” 

 

El cuidado en el uso de nuestro lenguaje es una herramienta poderosísima para condicionar nuestros resultados en la vida, de la misma manera que observar como habla una persona, nos está dando muchas pistas sobre su sistema de creencias, muchas veces asentado a nivel subconsciente,el arte de la comunicación implica dominar tres aspectos: lo que decimos (palabras), como lo decimos (tono, etc.) y como actuamos (expresión corporal y facial).

 

Hoy solo quiero centrarme en lo que decimos, en nuestras palabras, en como hablamos, en definitiva, en el uso que hacemos de nuestro lenguaje.  Nos dedicamos a quejarnos y a decir lo que no queremos, y es entonces cuando nuestro cerebro se enfoca, precisamente en eso (en lo que no queremos) y abandona cualquier opción de centrarse en lo que realmente deseamos, perdiendo así muchos de los recursos que tenemos y podríamos utilizar para alcanzar nuestros deseos. Así de simple. 

 

Neurológicamente, nuestro cerebro tiene unos mecanismos de funcionamiento muy claros, por ejemplo, no entiende los mensajes en negativo.“No corras”, “No te subas allí”, “no estés jugando ahí” “ No te vayas a caer” son algunas de las frases que repetimos para hacer que nuestros niños nos obedezcan y no corran algún peligro, pero ¿Qué efectividad tienen?  ¿Realmente el niño deja de hacer lo que le pedimos que no hiciera? algunas veces sí, la mayoría de veces no. Cada vez que decimos “no hagas eso”, estamos provocando, justamente, que aquello que no queremos que realice lo haga ¿Cómo puede suceder esto?   

 

 

La teoría del Dr. Milton H. Erickson acerca de la utilización del “No” nos explica al respecto, si ahora mismo te sugiero que ”no pienses en un elefante rosa ” o “no veas las nubes amarillas”; de pronto si te pregunto ¿en qué has pensado? seguramente me dirás que en un elefante rosa y luego en nubes amarillas, por más increíble que estos  ejemplos sean. Primero has tenido que “pensar” en la idea propuesta, es decir, has tenido que representar mentalmente la imagen que te permite comprender el significado de la frase leída para poder negarla.  De este modo, cuando advertimos a nuestros hijos“no te vayas a caer de ahí” el niño debe imaginar “el caerse de ahí” para negar luego la frase, así que tiene dos frases en mente primero “caerse de ahí” y luego “el estar en el lugar donde se encuentra”, de modo que pone más atención en la primera frase y descuida percibir adecuadamente el lugar donde se encuentra así que se distrae y como ya tiene la idea de “caerse” lo más seguro es que suceda.  Cuando le demos un consejo, orden o sugerencia al niño es mejor que sea en lenguaje positivo, reemplazemos el “no corras” por el “camina”, el “no te vayas a caer” con “agárrate bien”, el “no te subas allí” por “es peligroso, bájate de ahí”. Y así sucesivamente reemplazemos nuestras frases negativas por frases positivas y con significado de modo que el niño entienda y pueda procesarlo cognitivamente.    

 

Cambiando el lenguaje, expresas lo mismo.  Puedes guardar el NO para algo realmente importante, algo que suponga un peligro para tu hijo, como cruzar la calle sin ir de la mano, o asomarse a la ventana y para el resto de las cosas utilizar fórmulas positivas.   “No” es una palabra cargada de poder, rápida en los labios, fácil de decir. 

 

Tu hijo oirá esa palabra con mucha frecuencia, y tú la oirás de tu hijo también con frecuencia.  “Es necesario para un padre decir no a un niño, de forma que más tarde el niño pueda decirse no a sí mismo”. Todos los niños y algunos adultos tienen dificultad para retrasar la gratificación. “Lo quiero ahora” es un deseo guía para los niños pequeños. Aprender a aceptar el no de otra persona es un preámbulo a aprender a decirse no a sí mismo.  Los niños menores de 3 años no entienden la palabra “no” del modo en que la mayor parte de los padres piensan que lo hacen (y un entendimiento completo de lo que la palabra “no” significa no sucede mágicamente al cumplir 3 años, sino que conlleva un proceso).

 

“NO” es un concepto abstracto que está en directa oposición a las necesidades de los niños pequeños en cuanto a exploración de su entorno y desarrollo de su sentido de la autonomía e iniciativa.  Un niño puede saber que no quieres que haga alguna cosa. Puede incluso saber que tendrás una reacción de enfado si lo hace. Pero en cualquier caso, no entiende porque, en la forma en que los adultos piensan que lo hace. ¿Por qué otro motivo miraría un niño a su padre antes de hacer algo que sabe que no debe hacer, sonreír, y hacerlo igualmente? 

 

 

De los dos a los 6 años se desarrolla el sentido de iniciativa versus culpa. Esto significa que es su “deber” en el plano del desarrollo, explorar y experimentar. ¿Puedes imaginarte lo confuso que es para un niño ser castigado por algo que está programado para hacer? Se enfrentan con un dilema real (a nivel subconsciente): ¿obedezco a mi padre o a mi madre o a mi instinto biológico de desarrollar mi autonomía e iniciativa explorando y experimentando en mi mundo? 

 

Que esto sean etapas del desarrollo no quiere decir que a un niño deba permitírsele hacer cualquier cosa que se le ocurra. Y tampoco desterrar el No de nuestra comunicación. Pero cualquier método que intenta ganar cooperación debe ser amable y firme al mismo tiempo, en lugar de controlador y punitivo. Para ayudar a un niño a desarrollar autonomía en lugar de dudas y vergüenza  invita a cooperar, a continuación te doy unos tips:

 

Si estás gritando, chillando o dando discursos, deténte. Todos estos métodos son irrespetuosos y animan a la aparición de dudas, vergüenza y culpa en el futuro. En lugar de decirle a tu hijo lo que tiene que hacer, encuentra maneras de involucrarle en la decisión, de modo que él o ella adquiera un sentido del propio poder y autonomía. ¿Qué nos toca hacer ahora? (para niños preverbales “ahora nosotros haremos….” mostrándote amable y firme). Se respetuoso cuando hagas peticiones: no espere que un niño haga algo “ahora mismo” cuando estés interrumpiendo algo que está haciendo. Pregunta:” ¿te vendría bien hacer…..en cinco o diez minutos?”Incluso aunque te parezca que un niño pequeño no puede entender lo que  estás diciendo, estás entrenándote a ti mismo para ser respetuoso con él, dándole opciones y no órdenes.

 

Otra opción que puedes usar es la de anticiparte: en cinco minutos tenemos que marcharnos ¿Qué es lo último que quieres hacer? Lleva contigo  un pequeño temporizador o reloj y permite que tu hijo te ayude a programarlo para sonar en uno dos o cinco minutos, y déjale que lleve el temporizador con él de modo que pueda estar preparado cuando el tiempo se termine.

 

Muéstrale lo que si puede hacer en lugar de insistir en lo que no puede hacer. Utiliza tu sentido del humor: “aquí viene el monstruo de las cosquillas para atacar a los niños que no escuchan”. Muestra empatia cuando llora o tiene una rabieta a causa de una frustración por su falta de habilidad. Empatía no significa rescate, significa comprensión. Dale un abrazo y díle: “estas realmente triste ahora, yo sé que tú quieres quedarte y es hora de irnos”. Acompaña entonces a tu hijo mientras llora, y déjale tener sus sentimientos antes de cambiar de actividad. Los niños son capaces de percibir cuando los padres estamos decididos a actuar y cuando no. No digas nada que no estés absolutamente seguro de llevar a cabo y sé capaz de decirlo de forma respetuosa. A continuación llévalo a cabo con dignidad y respeto e intenta usar las menos palabras posibles o incluso ninguna. De nuevo esto significa redirigir al niño enseñándole lo que si puede hacer en lugar de castigarle por hacer lo que no puede hacer.

 

Establece una rutina para cada acción que se repita a diario: levantarse, desayunar, ir de compras, acostarse…. Así puede usted preguntarle al niño: ¿Qué nos toca hacer ahora según el horario? Para niños mas pequeños la formula es: ahora nos toca hacer…. De está forma tú no serás quien mande sino que serán las propias rutinas acordadas en familia quienes lo hagan. Entiende que puede ser necesario enseñarle a un niño la misma cosa una y otra vez antes de que haya madurado lo suficiente como para comprender. Se paciente.

 

Entiende que tu actitud será la que determine si tu relación con tu hijo será un campo de batalla o una relación cálida y firme en la que tu hijo o hija pueda explorar y desarrollarse dentro de unos limites apropiados.

 

También debes ser un observador, que trabaja en aprender quien es tu hijo, una persona única.. 

 

Artigo completo:https://www.padresayudandoapadres.es/el-poder-de-tus-palabras-el-no-que-condiciona-la-crianza/

PROPOSTAS PARA PERSOAS ADULTAS, 12 DE MAIO

Bo día, hoxe queremos compartir con vos a importancia de camiñar paseniño pola vida, atoparedes o artigo enlazado aquí e un resumo aquí mesmiño:

 

Slow, o valor da lentitude

Cando falamos de Slow Movement ou Movemento Lento nos referimos a “unha filosofía de vida que consiste en ir máis despacio na nosa existencia e así disfrutar máis da vida...primando máis a calidade que a cantidade”. Se o levamos ao lado da educación, Slow Education se basea en ofrecer un modelo educativo que respecte os ritmos de aprendizaxe, adaptándose ás diferentes etapas madurativas dos nenos e nenas e respectando as súas necesidades reais, validando así a cultura de infancia, dándoles espazos e tempos de calidade para ser e estar.

 

 

 

 

Na sociedade actual o ritmo é frenético, se quere fale tempo para dispor de máis tempo e cada vez parace que nos falta máis tempo, que paradóxico. Pero, qué ocorre cando este ritmo asumido se rompe? Pois que podes ver que hai outros ritmos. A pedagoxía do caracol é unha chamada a desconectar das presas, é a pedagoxía da lentitude, é unha incitación a disfrutar da natureza, do camiño e non so da meta, por suposto tamén do contacto humano. Os nenos e nenas nos demostran a diario que non pasa nada por ir máis lento, ao contrario, a infância ten o don do equilibrio entre velocidade e lentitude, porque a lentitude fai falta, na lentitude está a esencia mesma do acto de aprender, a lentitude é unha  cualidadenda educación, os nenos e nenas poden correr sen parar no espazo exterior deixándonos ás adultas esgotadas pero nun paseo polo campo podemos parar a cada paso para contemplar unha bolboreta, descubrir unha flor que ademais dedicen entregarte como símbolo de gratitude e amor, experimentar se a folla discurre polas augas dun regato...e é que van lentos pero a cada paso que dan descubren, aprenden, se asombran...e di Catherine L’Ecuyer que o asombro é o alimento para crear desexo por aprender. A lentitude é un valor, é ser paciente, disfrutar e profundizar máis en cada detalle. Lento é calidade.

 

Según a pedagoxía do caracol perder tempo é gañar tempo, no libro se recollen estratexias que buscan a ralentización para un mellor desenvolvimento, perder tempo para escoitar e recoller a cultura e as emocións de cada neno e cada nena, perder tempo para conversas sen presas e sen preocuparse por ser máis productivos.

  • Perder tempo para respectar a todo o mundo, respectando e escoitando os tempos e ritmos de todos e cada un.
  • Perder tempo para darse tempo, por exemplo de descubrir camiños novos.
  • Perder tempo para xogar, xogar libremente.
  • Perder tempo para camiñar, pasear cos nenos e nenas ao ritmo dos seus pasos.
  • Perder tempo para crecer, para estar preparados para o futuro hai que nutrirse de todo o tempo e espazo presente.
  • Perder tempo para gañar tempo, porque a velocidade se aprende na lentitude.
  • E seguindo coa expresión “perder o tempo” Jean Paul nos decía:
  • “Non perdamos o tempo, quizais ou houbo máis belos pero, pero este é o noso”.

No libro “Elogio de la educación lenta” Joan Domènech, un libro que eloxia a educación lenta como medio para respeitar os ritmos da infancia e garantizar así un crecemento harmónico e equilibrado de nenos e nenas que teña en conta razón e emoción, mente e espíritu e concreta quince principios dunha educación lenta, entre os que destaco tres: A educación necesita tempo sen tempo, hai que devolverlle tempo á infancia e temos que repensar o tempo das relacións entre persoas adultas e nenos e nenas. E Catherine L’Ecuyer, autora de  “Educar en el asombro” nos invita a volver a actividades lentas, que requiren moita paciencia, como a conversa, a lectura ou cousas tan sinxelas como atarse os zapatos, volver a entornos sobrios, con poucas cousas e cousas belas e volver ao xogo desestructurado que desenvolven unhas funcións executivas que son necesarias para a aprendizaxe; memoria de traballo, capacidade atencional, planificación, capacidade de inhibición, que ven a ser o autocontrol. En resumen “Hemos de conseguir como educadoras equilibrar silencios, palabras, imaxes e sentidos”, Catherine subliña “Lo que mueve a los niños y niñas a aprender es su sed de sentido, es lo único que puede llenar su cabeza y su corazón”.

“Voy despacio, en contra de la prisa y a favor de los encuentros profundos”

Bibliografía: 

  • “Pedagogía del caracol”
  • Elogio de la educación lenta” Joan Domènech Francesch 
  • “Educar en el asombro” Catherine L’Ecuyer.
  • www.ludicobox
  • http://blogs.udima.es/educatic/la-escuela-lenta/

 

PROPOSTAS PARA PERSOAS ADULTAS, 8 DE MAIO

 

Bo día, hoxe vos deixamos unha reflexión, publicada en LA VANGUARDIA sobre o reencontro dos nenos e nenas coa natureza, nestes tempos valoramos, se cabe, aínda máis as saídas ao exterior e o contacto coa natureza, a infancia precisaba xa antes do confinamento de este tempo de asombro, tempo para observar, contemplar, ulir, e marabillarse co medio natural.

 

 Niños y naturaleza, el reencuentro necesario desde mucho antes del confinamiento


En el 2005, el periodista estadounidense Richard Louv escribió un ensayo, Los últimos niños en el bosque (Capitán Swing), en el que alertaba sobre un nuevo trastorno que afecta a los menores de este siglo: el déficit de naturaleza. Louv, columnista en San Diego, California, llevaba tiempo detectando en su entorno criaturas cada vez más protegidas, ocupadas, conectadas y recelosas del que hasta no hace mucho había sido su hábitat cotidiano: el aire libre. Nuevas generaciones “para las que la naturaleza es más una abstracción que una realidad”, escribió.
Su ensayo fue un éxito y puso los cimientos de un movimiento internacional que reivindica la vuelta de los niños al contacto con la naturaleza. Un contacto que está directamente relacionado con las funciones cognitivas y el bienestar físico y mental. “Cuando escribí el libro, hace quince años”, explica Louv, “cité sesenta estudios que corroboraban esta relación. Hoy hay más de mil trabajos sobre las consecuencias de la desconexión con la naturaleza y los beneficios que esta tiene en nuestra salud”.
Louv contesta por e-mail al Magazine Lifestyle desde su casa en las montañas, cerca de San Diego: “Hay muchas criaturas por aquí, incluyendo pumas”, cuenta. El escritor y su esposa están confinados con sus dos hijos pero son afortunados: “Porque podemos caminar durante varias millas sin tener un contacto estrecho con otras personas”. Un verdadero lujo y no solo en tiempos de pandemia… En las sociedades modernas el contacto con la naturaleza, incluso la más cercana, es cada vez es más escaso. De hecho, va camino de convertirse en un privilegio. En especial, entre los menores, para los cuales entablar una buena relación con su entorno natural es una asignatura urgente y necesaria.
“Lo peor del confinamiento para los niños debería ser el no poder salir a la calle pero es mentira porque, lamentablemente, tampoco antes salían”, con esta contundencia se expresó Francesco Tonucci, pedagogo y pensador italiano que lleva años reivindicando un urbanismo sensible con las necesidades de la infancia.
Richard Louv coincide con esta afirmación: “Sí, en cualquier sitio en el que la urbanización se ha expandido los niños —¡y los adultos!— pasan cada vez menos tiempo en contacto con la naturaleza. También sucede en zonas rurales”. Una carencia que, explica, tiene mucho que ver con algunos de los problemas más habituales en las infancias actuales, como el déficit de atención, la obesidad y la disminución de la creatividad, además de trastornos de ansiedad y depresión. “Nuestro bienestar está directamente vinculado con una buena relación con la ¬naturaleza”, insiste.
De hecho, para Louv, potenciar esta relación tras la emergencia del coronovarius ayudará a lidiar con los posibles traumas derivados del confinamiento. Unos traumas, advierte, que pueden surgir más tarde. “Tres meses después del trágico tiroteo en la escuela primaria de Sandy Hook, en Newton, me llamaron para dar una charla. Me explicaron que, normalmente, para los que sobreviven, los problemas aparecen aproximadamente tres meses después”. Louv explica que el contacto con la naturaleza es un recurso cada vez más utilizado para sanar el trauma psicológico. Tanto gobiernos, como escuelas y familias deben de facilitar una relación fundamental, que equipara a una “vitamina” para la infancia; el título de uno de sus libros ( Vitamina N, publicado por Kalandraka).
Lo cierto es que, tras cuarenta días encerrados, la salida del domingo pasado, 26 de abril, de más de seis millones de niños españoles fue una fiesta muy terapéutica. Y los espacios naturales, como parques y playas, los lugares estrellas para miles de niños cuyos padres han redescubierto la importancia del aire libre para su bienestar.

 

 

La psicóloga Heike Freire, pionera en España de la llamada pedagogía verde , ha sido la impulsora de la campaña para permitir la salida de los niños una hora al día. Una necesidad, la de estar al aire libre “que está reconocida en diversos artículos de la Convención de los Derechos de la Infancia, los que tienen que ver con el interés superior, el desarrollo integral y el juego”. No se trata, recalca Freire, de un capricho sino “un derecho; el de estar al aire libre, poder moverte, jugar… Son necesidades esenciales y básicas”.
Esta educadora es muy consciente de que los niños, en España, salían muy poco antes del confinamiento, pero no hasta los extremos de esta cuarentena: “Aunque adoro a Tonucci, aquí no estoy muy de acuerdo con él: no es que no salieran, es que salían ‘poco’. No creo que ningún niño o ninguna niña que tenga una familia medianamente saludable haya estado en su vida un mes y medio dentro de casa”.
De todos modos, tanto ella como otros expertos llevan tiempo alertando de esta falta de tiempo al aire libre de tantos menores. Niños y niñas con agendas atiborradas de extraescolares, competiciones de fin de semana y tardes a cubierto en el centro comercial. “Los niños salían, sí, pero no para hacer juego libre, sino para meterse en un coche o en un polideportivo o en una instalación en la que no tenían, por así decirlo, nada que opinar…

 

 

Creo que es un fenómeno que nos resultará familiar a todos”, reflexiona la bióloga Katia Hueso, autora de Somos naturaleza y Jugar al aire libre, ambos de Plataforma editorial.
Tanto ella como Freire confían que estas semanas de encierro sean un cambio de paradigma, en positivo, en las familias. “Creo que servirá para que los padres se den cuenta de lo importante que es que sus hijos salgan y que estén en contacto con la naturaleza. Si esto era evidente, ahora lo es mucho más. En estas semanas de confinamiento ha habido un proceso educativo colectivo para tomar conciencia, que se va a quedar”, sintetiza Freire.
En los países del sur de Europa, como España, Italia e, incluso, Portugal, el confinamiento de los niños ha sido especialmente severo. ¿Son razones de salud pública, estrictamente, o aquí el déficit de naturaleza es más agudo? “Creo que las causas son una mezcla de un mayor adultocentrismo o cultura patriarcal combinado con la idea de que los espacios abiertos son más peligrosos para la salud que los cerrados… ¡Y es al revés!”, explica Freire. Lo cierto es que conceptos extendidos en nuestra sociedad mediterránea, como que la naturaleza es “sucia” y “peligrosa”, son acicates del síndrome descrito por Louv.
Este experto también cree que la cuarentena producirá más ganas de naturaleza pero, también, un mayor recelo. “Tendremos que estar atentos a una posible consecuencia de esta pandemia, que puede ser el aumento del miedo a los animales salvajes debido a las noticias sobre su relación con el virus. Es algo paradójico, lo sé, pero puede pasar”

Katia Hueso considera que, para que esto no ocurra, “tendremos que explicar muy bien lo que está pasando, para que esto no sea una manera de generar temor a salir fuera o a los animales salvajes”. Porque en realidad, insiste, la culpa no es el del murciélago —unos animales fundamentales; si no existieran, el planeta estaría cubierto de insectos—, sino al contrario: “Es el murciélago el que tiene la respuesta. Vamos a estudiarlo y saber qué lecciones positivas nos puede transmitir. Si lo que damos es un mensaje de culpabilidad hacia el animal, nos equivocaremos. El problema no es la fauna”, resume.

Fundadora de la primera escuela infantil al aire libre de España, Hueso cree que esta crisis también podría ser una oportunidad para que las familias redescubran la naturaleza más próxima. “Porque no hace falta ir de vacaciones a destinos lejanos y exóticos: lo que hay que hacer es valorar esta naturaleza pequeñita y cercana. Descubrirla con nuestros hijos”. El conocimiento es la mejor herramienta para evitar la biofobia (el miedo a la naturaleza) de la que alertaba Louv y para empezar a amar un entorno que, además, les va a tocar defender a las nuevas generaciones.
Una de las pocas cosas buenas de este emergencia ha sido que, por lo menos en casa, los niños han recuperado el tiempo para una actividad fundamental: el juego. Un derecho que en el primer mundo ha disminuido drásticamente debido a las ya mencionadas infancias hiperocupadas. Varios estudios corroboran este déficit, pero en 2016 llamó la atención uno, Ensuciarse es bueno, que concluía que los niños jugaban menos al aire libre que los presos de máxima seguridad. En 2019 el Instituto Tecnológico de Producto Infantil y de Ocio (AIJU) alertaba que, en España, el 82% de los menores de 12 años juega al aire libre menos tiempo del recomendado por los expertos, que es, como mínimo, de una hora al día.
Pero durante estas semanas de confinamiento han tenido, por fin, todo el tiempo del mundo para la que debería ser su actividad principal: “Sí, de repente han caído todas esas actividades añadidas no obligatorias y, caray, pues hemos visto que juegan y están bien”, dice Katia Hueso.
Madre de tres hijas, lo que ha observado en su casa es “un incremento en la intensidad y la calidad del juego”. Las niñas inventan “historias cada vez más complejas, que continúan en el tiempo. No hay ‘trocitos’, como era habitual. Están más concentradas, son más creativas”, resume Hueso. Porque el buen juego, tanto en casa como al aire libre, también se entrena. Y que dispongan de espacios y de tiempo para ello es una de las tareas más importantes de los padres.

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