Familias

PROPOSTAS PARA PERSOAS ADULTAS, 26 DE MAIO

Nestes tempos onde o tempo adquiriu ritmos máis naturais e podemos adicarnos ao momento presente e realizar as tarefas diarias máis conscientemente nos parece interesante reflexionar sobre a importancia e valor da autonomía dende a visión das actividades de vida práctica. Dicía Montessori "Calqueira axuda innecesaria é un obstáculo para o desenvolvemento".

Fomentar la autonomia a través de la vida practica, en el día a día…

La autonomía se puede definir como la capacidad que se posee para realizar actividades sin ayuda de los demás. En los niños y niñas es muy importante fomentar y potenciar el desarrollo y adquisición de la misma, por las siguientes razones:

1. Aumenta la autoestima.

2. Desarrolla la responsabilidad.

3. Fomentamos el desarrollo del aprendizaje.

4.  Están más predispuestos/as para afrontar nuevos aprendizajes.

Dado  que en estas edades tienen una actitud favorable para hacer las cosas por sí solos/as y para cooperar en las tareas de la casa, debemos aprovechar esta tendencia para desarrollar la autonomía (periodo sensible según María Montessori).

Las actividades de vida diaria son usualmente los primeros ejercicios a los que el niño se siente atraído, principalmente por su deseo de introducirse en el mundo de los adultos, el cual ha estado fuera de su alcance. Actividades como rallar pan, cortar frutas o verduras, lavar sus manos, pasar agua de un recipiente a otro, lavar mesas, etc., son actividades que por su misma naturaleza les llama la atención.Para un adulto, es difícil pensar en estas actividades como algo placentero, hasta que realmente nos tomamos el tiempo para disfrutar el orden de los materiales, de las sensaciones, para oler la fruta al cortarla, ver nuestro reflejo en la cuchara, hacer diseños con la espuma del jabón sobre la mesa, o sentir como la crema de manos se desliza sobre nuestra piel hasta que es absorbida. Ahora podemos pensar en el nivel de energía del niño y en su interés innato para aprender, para utilizar sus manos. 

ENTONCES, ¿PARA QUÉ SIRVEN LAS ACTIVIDADES DE VIDA DIARIA?

Los actividades de vida práctica son actividades formativas. Generan  inspiración, repetición y concentración en detalles precisos. Toman en cuenta los impulsos naturales de los periodos especiales de la infancia. Y aún cuando momentáneamente los ejercicios no tengan propósitos meramente prácticos, son un trabajo de adaptación al medio ambiente.

Aunque los ejercicios estén orientados hacia el desarrollo de una capacidad, su propósito no es que el niño domine dicha tarea por sí misma sino ayudar a la construcción interna de la organización, la independencia y el respeto propio a través de la concentración de atención en un ciclo de actividad  preciso y completo.

Estos ejercicios abarcan dos niveles de desarrollo: El nivel personal por  medio de la práctica de movimientos aislados y ordenados, aprovechando el deseo interno del niño de controlar su propio movimiento para obtener su independencia, y el nivel social en el que el niño actúa conscientemente para ayudar a mantener el ambiente trabajando con otros y ayudándolos .

Son actividades por  medio de los cuales el niño aprende a cuidarse a sí mismo, al ambiente y dominar las destrezas necesarias para relacionarse con el ambiente físico. Permiten al niño imitar al adulto, le permiten desarrollar la coordinación, concentración, observación de detalles, aprendizaje de hábitos de trabajo y la preparación para utilizar materiales más complejos.

En el ser humano, la mente y la personalidad se desarrollan al aprender a controlar y respetar los medios físicos, para que las ideas, sentimientos y movimientos puedan transformarse en trabajo constructivo .

El desarrollo de las acciones motoras, mentales y sociales es un proceso que involucra la habilidad de concentrarse y tomar decisiones, de analizar los movimientos componentes, esenciales y secuenciales y seleccionar, organizar y usar los materiales apropiados de forma correcta. Este proceso va a preparar al niño para las experiencias de la vida, y a desarrollar destrezas que le aumenten su independencia y confianza en si mismo. También al repetir los actos va perfeccionando sus destrezas, por lo que los ejercicios están conectados a actividades comunes de la vida diaria, para que puedan repetirlas constantemente.

Este área está diseñada para invitar al niño a actuar y trabajar en ejercicios de la vida real, los cuales apoyan su orden, coordinación, concentración y un sentido de independencia personal.

A continuación os proponemos unas PAUTAS SENCILLAS PARA FAVORECER LA AUTONOMIA EN CASA:

1. Es importante adaptar la casa a su estatura, las cosas tienen que ser accesibles para ellos. Por ejemplo: deben disponer de estanterías o cajones de su altura donde colocar los juguetes, de un perchero para colgar el abrigo y la mochila del cole, el cepillo de dientes y la pasta para su aseo (esto es fácilmente adaptable con un taburete o dejándolos sobre el bidé), un lugar fijo para dejar el pijama o la ropa para el día siguiente, los zapatos, el cesto de la ropa sucia…

2. Hay que permitirles, en la medida de lo posible, que os ayuden en las actividades cotidianas. Por un lado, les encanta ayudar, y por otro, adquieren destrezas manipulativas y coordinación, además de la mentada autonomía.

Por ejemplo: déjales poner y quitar la mesa, si no llegan a la vajilla, colócala en la encimera para que la cojan desde ahí. Otras actividades son vaciar el lavavajillas, clasificar los cubiertos, los tuppers, las cacerolas… Los objetos cristal suelen dar bastante respeto, pero si desde el primer momento se les enseña a cogerlos y llevarlos con cuidado porque son delicados, no los romperán. Es importante que desde pequeños se acostumbren al peso y la textura real de los objetos cotidianos. 

3. Pueden ayudar a cocinar con ciertas medidas de seguridad.

Por ejemplo: quitar guisantes de las vainas, batir huevos, hacer pan, galletas… Da a tu hijo la posibilidad de prepararse pequeñas cosas en la cocina: echarse el agua en un vaso si tiene sed. Prepara una bandeja con lo necesario para que pueda hacer las cosas de forma autónoma o dispón de utensilios específicos que les permitan hacer cosas como cortarse la fruta sin peligro.

Cuando dudéis si será capaz o no de hacer algo, dejad que lo intente, dadle su tiempo: esto es lo que nos resulta más difícil. Siempre estaréis allí para echarle una mano si se le complica mucho, a veces con alguna indicación son capaces de hacer muchas cosas, más de las que nos imaginamos.

Artigo completo:https://www.veobio.es/blog/420/

PROPOSTAS PARA PERSOAS ADULTAS, 22 DE MAIO

Bo día, vos deixamos unha reflexión sobre a importancia da presenza e de como a observación e atención plena nos permite descubrir, confiar e marabillarnos coa infancia.

Educar desde la presencia

Este es un post basado en la traducción del artículo de Pennie Brownlee, reconocida autora neozelandesa, quien me autorizó personalmente a traducirlo para acercar al resto del mundo hispanohablante sus profundas reflexiones. Se tratan de conclusiones de alguien que ha experimentado y observado de cerca la infancia. Alguien que ha entendido en el acto de educar la importancia de SER y no de hacer constantemente. Como en este acto se produce un intercambio entre corazones pero también de rivalidades entre egos. Saber diferenciar cuando actuamos desde la presencia y cuando desde el ego debería formar parte de nuestro trabajo diario. Te invito a reflexionar en este acompañar a la infancia (ella hace hincapié en los bebés pero es aplicable a cualquier edad) desde casa o desde espacios educativos.

 Empezar por la atención plena: Como cualquier otro trabajo, trabajar con niños nos ofrece oportunidades, una tras otra, para aprender cómo podríamos acercarnos más a nuestros corazones.  La primera de ellas está en aprender a dar al niño toda tu atención, especialmente cuando le estás alimentando, cambiando, vistiendo o bañando. Atención plena significa que no hay nada más en tu mente; sin preguntarte cuándo es tu descanso, tu salida con amigos/as, cuál es tu número de la lotería, nada más que atención plena con el bebé o niño/a.

Estar presente es un presente (regalo): Algunas personas llaman a este tipo de atención una práctica espiritual, y lo es. Es tu espíritu practicando el tipo de atención que viene de la inteligencia de tu corazón. Toda tu atención está enfocada, no juzga ni etiqueta. Solamente es darse cuenta de cada pequeño detalle. Ese tipo de atención te permite responder a lo que es, en lugar de reaccionar a las ideas de tu cabeza. Esta es otra forma de decir que tu atención plena te permite estar en el momento presente, exactamente donde todos los bebés están, todo el tiempo.  Es una reunión de corazones, y es exactamente lo que los bebés recién nacidos necesitan para desarrollar las estructuras biológicas nacientes dentro de su propio cerebro y corazón.

El poder del ahora: Vivir en el momento presente, o vivir en el ahora, es una práctica espiritual. Eso no significa que sea algo de un mundo mágico, es 100% práctico . Es lo que haces y cómo lo haces. Es algo que tu “ERES”, y que también permite a los bebés SER. Es la danza de una profunda amistad y respeto. Cuando te ablandas en este profundo respeto con las niñas y niños, aprendes a notar cada pequeña cosa y a confiar en ellas/os. En tu respeto hacia ellos y en ese darse cuenta de los detalles, descubres que los niños/as pueden resolver muchas más cosas desde sus propios recursos internos, mucho más de lo que la mayoría de nosotros le daríamos crédito.

Nuestra confianza crece con la práctica: Confiar en los niños para que abran su camino a través de la frustración, las emociones y los conflictos, aumenta aún más su confianza. Nos sentimos más cómodos estando en el momento presente simplemente notando todo lo que está sucediendo. No  significa que seamos indiferentes cuando solamente nos damos cuenta, es sólo que somos lo suficientemente respetuosos como para no ofrecer apoyo hasta que el niño lo necesite. Sé que hay una delgada línea entre cuando suficiente es demasiado, pero los oídos del corazón están exquisitamente sintonizados con esos detalles y te harán saber exactamente cuándo se requiere apoyo.

Artigo completo: https://culturadeinfancia.com/educar-desde-la-presencia/

PROPOSTAS PARA PERSOAS ADULTAS, 20 DE MAIO

Hoxe vos deixamos un artigo cunha reflexión importantísima e necesaria, o papel dos coidados na escola, o valor do esencial, coidarnos. Na cotidianidade da escola son moitos os momentos nos que se pon en marcha a autonomía, a atención plena, a presenza, o vínculo...en definitiva, os coidados e hoxe queremos reflexar o seu valor con este artigo extraído do blog Cafè Pedagògic na páxina web da escola Congrés Indians https://cafepedagogic.com/2015/05/03/el-valor-de-lo-cotidiano/

El valor de lo cotidiano

Muchos conocen la labor de Emmi Pikler en Lóczy. Para aquellos que no, les sintetizo  en qué consiste con el riesgo, claro, de simplificar demasiado sintiendo, eso sí, que esto es necesario para poder transmitir lo que quiero en este artículo.

Emmi Pikler, pediatra de familia, durante largo tiempo, se dedicó a observar el desarrollo de los niños de diversas edades y a confirmar algo de lo cual, mucho antes, observando el comportamiento de padres y madres en las playas, se había percatado: que los niños y las niñas que pueden moverse en libertad desarrollan su motricidad de forma más armónica, más equilibrada, sin bloqueos y de forma fluida.

Más tarde, en 1946, se le confió la dirección y la atención de la casa cuna de Budapest, conocida popularmente con el nombre de la calle en la cual se ubicaba: Lóczy. En este hogar para niños y niñas huérfanos o en régimen de acogida (madres y padres que, en ese momento, estaban pasando por una enfermedad o alguna circunstancia concreta que no les permitía cuidar de sus hijos) no solo puso en práctica lo que sus observaciones y su anterior trabajo ya le habían dado como bagaje personal, sino que revolucionó el cuidado institucional de los niños y las niñas en centros de estas características evitando, al máximo, que los niños a su cargo desarrollaron el síndrome de institucionalización.

Como si esto fuera poco, lo que se empezó a cocer en Lóczy empezó a ser conocido en diferentes lugares del mundo y forzó a que adultos se comenzaran a plantear la mirada que tenían en relación a la infancia y, más en concreto, a lo que se conoce con un nombre muy feo, la “protoinfancia” (0-3 años).

En Lóczy se desarrollaron las pautas y los principios para  una insólita atención personal, como dirán Myriam David y Geneviève Appell (estudiosas de lo que acontece en Lóczy y autoras de varios escritos sobre el tema), poniendo al individuo (incluyendo al recién nacido) en el centro de esos cuidados, considerándolo capaz desde el primer momento y entendiendo que los adultos somos sus mejores aliados, siempre y cuando, no entorpezcamos el fluir cotidiano de los niños y de las niñas.

Curiosamente, en Cataluña, resulta muy conocida su labor en lo que respecta al desarrollo motor y hay muchos profesionales del ámbito educativo, psicológico y médico que incorporan sus principios y valores; pero, por un motivo u otro, son menos populares (o a mí me lo parece) lo que, según yo creo, es la madre del cordero: los cuidados cotidianos. 

Advierto que esta opinión mía puede estar absolutamente sesgada, pero puede que también tiene una parte intuitiva confirmada por hechos contrastados. Siendo padres, madres, educadores o terapeutas nos parece que el desarrollo motor de los niños es un eje central que ha de acaparar nuestra atención y mirada puesto que será en esa “protoinfancia” (uf, que feo suena), cuando se den, un cúmulo de hitos espectaculares: el niño ya se sienta, el niño ya gatea, el niño ya camina, etc. Son preocupaciones que albergan el alma y el corazón de todos y que hacen suspirar, de forma lógica, a todos cuando estos emergen y se consolidan.

Otra gran preocupación es el desarrollo del lenguaje y todos festejamos e, incluso, sonreímos con los primeros gorjeos y palabras que vocaliza un bebé. También nos preocupa que duerma o no duerma o que se alimente bien y coma con gusto.

Por eso, cuando alguien dedica una mañana de su vida o varios días a un curso sobre desarrollo motor o desarrollo del lenguaje nos parece lógico, normal e incluso muy profesional. Pero, ¿a quien se le ocurre dedicarle una mañana de su vida o, incluso, varios días al cambio de pañal o al baño del bebé? Parece que hay que ser muy torpe o muy inepto para dedicarle este tiempo a algo que, después de unos cuantos cambios, tiene asumido el más común de los mortales. Al fin y al cabo, no es más que algo rutinario, cotidiano e, incluso, mecánico.

Pero ahí está el error y así nos lo demuestra Emmi Piker y todas las continuadoras de su labor (Anna Tardos, Judith Falk, etc). Y es que, precisamente, en la cotidianidad y en sus detalles está la esencia de algo mucho más importante: el desarrollo de la individualidad, el respeto y la atención compartida.

Cuando cambiamos un pañal o bañamos a un bebé debemos ir más allá de lo meramente asistencial para descubrir que, en esos momentos, el niño y nosotros estamos desarrollando una relación: una relación que puede estar basada en el poder y en la sumisión o en la cooperación y la empatía.

Atención, hago un parón en este largo discurso (yo pensaba que iba a ser más corto, lo juro) para advertir que no estoy hablando de lo que sucede en los hogares personales de cada uno (ya que, como dicen los piklerianos, las madres, los padres y sus hijos tienen múltiples ocasiones de encuentros individuales a lo largo del día y, por tanto, no hace falta ser tan rígido); sino más bien hablo de lo que ocurre en las instituciones en las cuales delegamos el cuidado de los niños y de las niñas ya que es allí donde hay más peligro de automatismos, de industrialización del cuidado y de disolución del individuo. 

Resulta realmente increíble observar vídeos ejemplares de cuidado y atención de las criaturas en esos momentos tan íntimos donde ves una conexión absoluta entre el adulto y el niño, y donde el niño, siendo muy pequeño, da muestras de colaboración. Una se estremece al ver la inteligencia que desprenden los ojos de esas criaturas, la capacidad de comprensión de lo que está ocurriendo y lo cegada y equivocada que una estaba por tantos y tantos escritos leídos y escritos por intelectuales que nos hacen asumir que el bebé (incluído el recién nacido) son seres pasivos y perdidos en una dimensión absurda. 

Hay quien considera exagerada la atención prestada en Lóczy e incluso que se les habla demasiado a niños muy pequeños y que, total, si no entienden lo que se les dice…¿Para qué perder tanto tiempo cambiando un pañal? Pues, la verdad, se sabe y se ha calculado que el tiempo de dedicación suele ser el mismo e, incluso, menor ya que una cosa es cambiar un pañal en contra del niño y otra, muy diferente, con el niño. Muchas veces, esos momentos se convierten en una lucha ya que esperamos que el niño se someta a nuestros movimientos, se acaba alargando más de lo deseable e, incluso, acabamos desquiciados (niños y adultos). En cambio, se ha comprobado que, si se coopera con ellos, se les integra, se les prepara un espacio adecuado, se les explica y se les pide, amablemente, a las criaturas que hagan aquello necesario para avanzar en el objetivo común, los niños y las niñas, poco a poco, responden, participan, se implican y acaban facilitando la labor del cuidador por pequeños que sean. ¿Increíble? Pues es cierto y, además, ¿Por qué no iba a serlo? ¿Acaso no nos mostramos todos más colaboradores cuando se nos explican las cosas y se nos tiene en cuenta? Pues, en eso, niños y adultos funcionamos igual.

Viendo esas imágenes, una se da cuenta entonces del valor de lo cotidiano y de que esa cotidianidad no se queda cristalizada en las primera infancia sino que tiene una continuidad a lo largo del tiempo y se manifiesta en TODAS LAS EDADES. Piensas, de repente, en las atenciones y cuidados que reciben los niños y las niñas en las escuelas a la hora de cambiarse la ropa o de acompañarlos en el baño. Como parece que, cuando los niños entran en la primaria, esos cuidados ya no son importantes porque ellos ya son AUTÓNOMOS y como olvidamos tan fácilmente los profesionales que se pueden construir vínculos importantísimos a través de ese cuidado.

También viene al pensamiento momentos de hospitales en los cuales ni siquiera se te ha mirado a los ojos o te han tratado como un simple cuerpo u observaciones casuales realizadas en los lugares donde se “cuida” de la ancianidad. Y cómo hemos asumido esto como un hecho sin discusión posible, sin alternativa. 

Y es que la cotidianidad del cuidado y lo cotidiano del cuidado es algo que nos une a todos y que, en general, relegamos a lo marginal, a lo rutinario y a lo mecánico. Nos preocupa cómo poner límites, como gestionar conflictos, cómo manejar materiales para enseñar matemáticas, cómo preparar ambientes espectaculares, cómo desarrollar algunas actividades impactantes y nos olvidamos, en lo profesional y en lo personal, de cuidar lo cotidiano, de no abandonar lo esencial.

Porque el cuidado es lo que nos viste a diario, lo que nos limpia, lo que nos alimenta y nutre y lo que nos da la base para nuestra vitalidad para poder plantearnos otros retos y explorar el mundo. Sin el cuidado que mira a los ojos al otro, que lo implica, que lo integra y que lo trata como individuo desde el minuto 0, los seres humanos nos olvidamos de nuestros cuerpos, de nuestras emociones y de nuestra personalidad: nos disolvemos en el contexto y nos transformamos no en lo que somos de verdad, sino en lo que los demás esperan de nosotros porque nadie nos ha ayudado a conocernos como tales, nadie nos ha dicho que tenemos un lugar en el mundo siendo como somos.

Resulta imprescindible recuperar y visibilizar la labor de lugares como Lóczy para darle el valor que se merece al cambio de pañal, al momento de la comida o el baño del bebé y así dignificar no solo el cuidado en esa edad, sino en todas las edades del hombre y de la mujer. Nos rebanamos los cerebros para entender el mundo del niño en otros contextos (en sus peleas con los iguales, en sus conflictos internos e, incluso, en sus retos mentales) y nos olvidamos que la primera experiencia de conflicto o cooperación se da entre el adulto y el niño en los momentos más íntimos, más frecuentes y más cotidianos.  Por tanto, empecemos a darle la importancia que se merece.

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